La autora describe una visita de cuatro días a Malmö, Suecia, donde observó una ciudad de 280.000 habitantes con una atmósfera relajada y segura. En lugar de atribuir este bienestar únicamente a la prosperidad económica, la autora lo achaca a la relación de la población con su entorno.
El programa medioambiental de Malmö tiene como objetivo convertirse en «la mejor ciudad del mundo en cuanto a desarrollo urbano sostenible». El municipio aspira a una reducción del 20% del consumo energético per cápita para 2020 y del 30% para 2030, con una transición completa a las energías renovables prevista para 2030.
La autora identifica la diferencia clave entre Malmö y España como «el concepto de ciudad como mecanismo», donde los ciudadanos participan activamente en el desarrollo territorial. Esto genera conciencia comunitaria, creando espacios urbanos accesibles y cómodos donde los padres pueden dar independencia a los niños.
La autora se pregunta si este modelo podría funcionar en España, donde el éxito individual predomina y los ciudadanos importan principalmente antes de las elecciones.