El artículo relata una experiencia de un curso de formación docente en el que se pidió a los profesores que realizaran sesiones de brainstorming con sus alumnos sobre mejoras escolares. Muchos docentes habían filtrado las sugerencias de los estudiantes entre «buenas ideas» y «tonterías», favoreciendo conceptos aprobados por adultos como fuentes y murales.
Los autores decidieron cuestionar este sesgo centrándose en las ideas rechazadas. La propuesta aparentemente absurda de un alumno —construir un campo de fútbol en la entrada del colegio— fue seleccionada como proyecto.
El resultado sorprendió a todos: los estudiantes transformaron el concepto en un juego de mesa interactivo en el que los participantes responden preguntas, avanzan por el campo, marcan goles y viven situaciones de partido.
Este resultado demostró que lo que los adultos descartan como una tontería puede convertirse en proyectos significativos e interdisciplinarios. Los autores subrayan que las ideas de los niños no deben juzgarse a través de los prejuicios de los adultos y que las metodologías creativas merecen una consideración seria en los espacios educativos.
El artículo concluye con un elogio al claustro del Colegio Balmes por su energía y disposición para implementar el cambio educativo.