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Espacios escultóricos. 3 de enero de 2013

El texto explora cómo el arte clásico enfatizaba la obra en sí misma, hasta que los académicos comenzaron a examinar la percepción, los puntos de vista y la subjetividad del espectador. La escuela Gestalt y artistas como Chillida, Oteiza y Moore jugaron con el vacío, elementos igualmente vitales que la forma física.

La autora señala que «lo que le da valor a una taza de barro es el vacío que hay entre sus paredes», citando al filósofo chino Lao-Tsé del siglo V. Este principio se aplica universalmente.

El «New York» (1942) de Mondrian demostró este concepto coloreando las calles mientras dejaba en blanco las manzanas de la ciudad, mostrando cómo el espacio positivo y el negativo se necesitan mutuamente para ser coherentes.

Durante un proyecto creativo, el equipo reconoció que los fragmentos descartados podían convertirse en la verdadera obra de arte. Construyeron espacios escultóricos basados en modelos de trabajo, que los participantes luego habitaron a través de diversas acciones imaginativas.

Artículo original disponible en arquitectives.com
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