El artículo reflexiona sobre los escasos espacios verdes de Palma de Mallorca, señalando que la ciudad contaba con «siete parques y medio» en el momento de la publicación.
Narra el galardonado diseño del Parc de Ses Estacions de la arquitecta Carme Pinós (1998), que se celebró como una esperanza para una ciudad carente de zonas verdes públicas. Sin embargo, esta visión desapareció cuando la construcción de una estación de metro lo sustituyó por un diseño de parque convencional.
La narrativa toma un cariz positivo al celebrar a los alumnos de segundo de primaria del Colegio Santa Mónica que reimaginaron sus parques. Habiendo estudiado los ciclos del agua, la fauna urbana, las plantas beneficiosas y los distintos materiales de pavimentación, los estudiantes crearon diseños que incorporaban «árboles, de flores, de bancos, de farolas, de pérgolas, de fuentes, de lagos».